martes, 9 de abril de 2013

Confiamos en la cápsula del tiempo



De vez en cuando algo bizarro sucede en mi labor diaria que me convence de que debo tener uno de los más trabajo más raros del planeta.
Y con frecuencia esos momentos vienen a mí en forma de preguntas.
Preguntas como “¿ese tuit de One Direction acaba de tumbar nuestro website?”. (Seguro ocurrió), o “¿crees que le puedas pedir a Lucy Lawless (actriz y activista que apoya a Greenpeace) si pudiera disfrazarse como Xena, la mujer Justiciera cuando escale la plataforma petrolera de Shell en el Ártico? (Al final ella se queda con una playera y su arnés, pero no antes de sacar todo tipo de disfraces de su baúl de trajes). O como la semana pasada, “¿Podremos llegar a tiempo al Polo Norte para reunirnos con el Consejo del Ártico? (Hasta ahora parece que sí).
Entonces, cuando mi jefe vino y preguntó “¿Cómo llevaremos tres millones de firmas de defensores del Ártico y las colocamos en el fondo marino del Polo Norte?” Bueno, ni siquiera titubeamos.
Lo que ella en realidad quería saber era cómo vamos a colocar tres millones de nombres dentro de una indestructible y no tóxica cápsula de tiempo que pueda ser llevada por un equipo internacional de embajadores hasta el Polo Norte, para colocarla a 4.3 kilómetros debajo del mar congelado, y plantarla en el lecho marino para recuperar la en el 2050. Así fue… sólo un día más en la oficina.
Entonces pusimos manos a la obra.
Primero mi colega Adam, quien hizo la mayor parte del trabajo de la cápsula y ahora va rumbo al Polo Norte con el equipo, tuvo que encontrar a alguien que pudiera crearla. Resulta que las personas indicadas para ello se encontraban en el  laboratorio Joris Laarman y en Artistproof,fortuitamente a la vuelta de la esquina de la oficina de Greenpeace Internacional, en Amsterdam.
Luego tuvimos que imaginar cómo hacer de esto una manifestación tangible de nuestro movimiento en desarrollo:  fuerte, elegante y lo suficientemente fuerte como para sobreponerse a las fuerzas que están en nuestra contra.
Luego también tuvimos que asegurarnos de que los nombres en la cápsula también fueran legibles para el 2050, algo difícil con la tecnología que no ha sido inventada al día de hoy.Pensamos un montón de ideas, una de  ellas tenía que ver con contar la historia mediante discos de vidrio impresos con platino. Cada disco sería de un milímetro de espesor y sería capaz de almacenar el equivalente a 10, 000 páginas de información.
Habríamos ido con esa opción pero caímos en cuenta de que tendríamos que considerar que nadie podría leer los discos sin antes acudir a algún museo y encontrar alguna tecnología obsoleta – de 2013- para poder leerlos. Además, esto no reflejaba el mensaje simple que buscábamos transmitir.
Seguimos imaginando diversos escenarios hasta que hallamos al ganador: grabamos cada nombre en discos de vidrio con una especial forma de nanotecnología. Usamos láser para colocar cada uno de los nombres. A simple vista, cada disco parece finamente decorado, pero con un microscopio los nombres individuales comienzan a aparecer. Sir Paul McCartney, Penelope Cruz, Thom Yorke, mi mamá, mi papá, mis hermanos y, por supuesto, el tuyo.

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